Pequeñas oraciones ateas

Tres: bienaventurados los malos y los buenos

Y durante un instante, la multitud que se había congregado ante él permaneció inmóvil, sumida en un trance, provocado por el exagerado «autotune» que camuflaba su voz hasta hacerla hipnótica; ese efecto era en realidad el último grito en drogas de diseño para el pueblo.

A pesar de todo el trampantojo escénico, más propio de una catedral gótica que de un concierto, sus palabras parecían tener sentido: «Bienaventurados los malos y los buenos, porque la virtud os habita en cada uno de vuestros defectos. Amén».

Publicado por Juancanopereira

Mi nombre es Juan Cano Pereira. Soy escritor, ando ahora en el estudio de la locución y el doblaje. También le doy a la edición multimedia y algo al diseño gráfico. Amar a la literatura sobre todas las cosas y a las redes sociales como a mí mismo, me ha llevado hasta la narrativa transmedia, entre otras cosas.

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