Carta de presentación de este nuevo pódcast en el que cuento mis historias de viejo melómano. Porque «Rebobinando el casete» es un rincón desde donde pretendo hablaros casi siempre a través de la evocación de aquellas viejas grabaciones que dejaron en mi interior un rastro indeleble de hierro y cromo, un tarareo constante que nunca se me fue de la cabeza.
Basta una ráfaga, la melodía incompleta de una canción de un entonces idealizado cuyo estribillo se nos quedó enganchado en un pliegue de nuestro subconsciente, para volvernos a creer que somos los reyes del mambo, a pesar de que el espejo del baño desnude las evidencias: que de aquella chulería adolescente por la que todo nos resbalaba, pues nos creíamos estatuas de metal en mitad de un idílico paraíso con banda sonora de Radio Futura, solo nos queda un leve sabor a óxido acompañado de una irreversible intolerancia al reguetón.
Aquella historia de amor y lujuria de la que tanto fardamos no fue más que la regla que nunca tuvo excepción que la confirmara, pues duró lo que dura una canción de Roxy Music o, lo que es lo mismo, lo que un polvo apresurado en la trasera del capó de, probablemente, un Simca 1000.
Pero nunca perdemos la esperanza, convencidos como estamos de esa regla no escrita de que, tarde o temprano, todo regresa: los calentadores, las hombreras… y quién sabe si hasta los tupés y los cardados. Ahí están de nuevo los vinilos, a pesar de ser prácticamente inviables, caros y nada ecológicos. Porque este boomer que os habla (soy del año 1965, el primero de quienes pertenecemos a la generación X) está convencido de que, boli Bic en mano o no, volverá a rebobinar una y otra vez aquella canción de los años ochenta que lo hace sentirse como el tipo que creyó ser alguna vez
Es solo un instante que nos empecinamos en rebobinar una y otra vez. Un momento de lo más insospechado, un déjà vu que cortocircuita de lleno en mitad de una neurona como una esquirla escupida desde un mundo paralelo. Un Matrix que solo parece haber ocurrido en nuestra imaginación, debido a una reacción química que el transcurso del tiempo y las enzimas de la memoria han terminado por fermentarnos en el recuerdo.
Volver a las canciones para volver a las historias de entonces, pero también a las penalidades de la actualidad, pues nada mejor que pasarlas con la ayuda de la música. Eso sí, salvo el reguetón, toda la música y todas las situaciones y reflexiones son posibles en este rebobinado de casete que, procuraré, sea algo diferente a lo que ya escribo en Libreopinante. Digamos que, a partir de esos textos, en este mi pódcast buscaré que la música continúe.






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