Érase una vez un tiempo que parecía nuevo, pero que en verdad estaba hecho con recortes de viejos periódicos. Érase un tiempo donde la lógica y sus mecanismos estaban en desuso; en cambio, lo más improbable y disparatado que se nos pudiera ocurrir terminaba convirtiéndose en realidad cotidiana. Érase un tiempo pretérito con ínfulas de futuro en cuyo presente se aconseja andar con pies de plomo, hablar con boca prudente y escribir con palabras encriptadas.








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