Temporada de patos—Temporada de conejos (31)

2 de noviembre de 2020.

Había que labrarse un futuro, nos repetían hasta la saciedad. Lo decían con insistencia apocalíptica nuestros padres, los educadores, los profesores. Por eso que yo soñaba con espadas de amenazantes hojas de fuego empujándome al averno del fracaso, que, a su vez, no era sino la nada chirriando entre mis dientes por el crepitar de las llamas.

Desde que tengo uso de razón, el sentido de la culpa judeocristiana ha flagelado mi conciencia, hasta el punto de horadar la tumba profunda y oscura donde enterré mi libertad, y tal vez mi felicidad. Yo sé que, aunque me lo propusiera con toda mi rabia y con el resto de mis fuerzas, nunca podré ser ateo, ni por mucho que apostate y reniegue de todo lo que me enseñasteis. Las heridas son tan profundas, las quemaduras tan evidentes, que todavía hoy, en mitad de tanta confusión, me sorprendo rezando vuestras oraciones.

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