Temporada de patos—Temporada de conejos (23)

25 de octubre de 2020.

Fue en uno de aquellos conciertos primaverales de la Plaza del Potro. Ruibal no sólo se coló en la banda sonora de nuestro mutuo reino de convulsión y hormigas, sino que, una de sus canciones pasó a ser para nosotros —los dos únicos moradores de aquel lugar efímero e irreal— el himno del país de la desesperación; el himno de la tierra del amor terminal. Esa canción era Amada: una ‘romanza de desertores’, donde, en su huida, el guerrero le pide a la dama que le borre de su mente y de su cuerpo todo el horror y la muerte que dejó atrás; que se ate a él de manos y pies, para que no lo lleven de su lado y no regresar jamás al campo de batalla. El canto de un cobarde enamorado que me apropié sin cambiar un giro, sin quitar una coma; sin cuestionarme una sola palabra desde la primera vez que lo escuché.

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