¿Qué hay de nuevo, viejo? (26)

16 de julio de 2020

Alguien me preguntaba la otra noche por lo que escondo: por lo que tapa mi aparente calma, por lo que apacigua esta medida templanza, por lo que maquilla esta amable sonrisa. Creo que, con tan solo leer una frase, un párrafo de algo que yo haya escrito, esta persona encontraría la respuesta a su pregunta, aunque seguro que siempre habrá otro alguien que opinará que estoy ahí plantado como un pasmarote; otro alguien que estará convencido de la inutilidad de quienes desde su peculiar contemplación abren otras posibilidades, otras soluciones, y no precisamente porque den con la tecla, ofreciendo una milagrera salvación a la humanidad, sino porque con el susurro de sus ideas ayuden a despertar las conciencias de quienes están llamados a cambiar las cosas.
No es que yo me considere un «influencer» de la nueva realidad; a veces se me ha visto peleándome con mi propia sombra, lo que es señal de que no me convenzo ni a mí mismo. Pero para mí ya es un logro que alguien, aunque sea una sola persona, pregunte por lo que digo y por lo que no digo.

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