¿Qué hay de nuevo, viejo? (6)

26 de junio de 2020

 Hace muchos años, cuando me debatía entre ser un cantautor eléctrico o un rockero acústico, mi padre me hizo un comentario acerca de la música que yo escuchaba. No recuerdo si en aquel preciso momento estaba sonando en el radiocasete «L´Estaca» de Lluís Llach o «Fábula de los tres hermanos» de Silvio Rodríguez, pero mi progenitor, sabedor de mis inquietudes musicales, dado que tenía que aguantar diariamente mis progresos con la guitarra, me espetó:
—Con esas canciones no llegarás a ninguna parte… Como mucho a ir mendigando de pueblo en pueblo como aquel ciego que cantaba romances.
Y la verdad, que todos sus intentos por alejarme de la música, todos aquellos manejos para meterme miedo, no lograban sino el efecto contrario, y que me intrigara aún más todo el imaginario que me ponía delante de mis narices: romances de tragedias amorosas difundidas de pueblo en pueblo por un cantautor pobre y, para mayor desgracia, ciego. Aquello era el culmen, el no va más. Estaba completamente fascinado con las historias de mi padre.

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