Buscando algo bueno del confinamiento (66)

Querido lector: las entradas que te vas a encontrar en mi blog bajo este título son fruto de las reflexiones diarias que he ido escribiendo cada mañana durante el confinamiento en el muro de mi Facebook. Siempre las acompaño además de una canción que por lo general sirve —nunca mejor dicho— de pretexto a lo que escribo.

18 de mayo de 2020

Os oigo, aunque apenas os distingo, allá por el Parque de Europa. Desde hace poco más de una semana os estáis dejando los brazos a cacerolada limpia, igual que antes os rompíais las manos aplaudiendo y jaleando héroes: que pasaba una ambulancia, arreciaban las palmadas; que pasaba la poli, otra batida tan agotadora o más, mientras terminabais cada tarde con las manos hinchadas.
Recuerdo cuando viví entre vosotros, hace ya más de veinte años: a muchos de quienes ahora ocupáis sus pisos de barrio obrero aún no se os había pasado por la cabeza la idea de venir a España. Incluso puede que ignoréis que era una especie de gueto acotado por las vías de un tren de uso exclusivo del ejército. A mí me gustaba esa sensación: «¿que dónde vivo?… pues en la burbuja del Parque de Europa».
No me he planteado aún si Madrid está preparado para pasar a la siguiente desfase, tal vez por esa belleza silenciosa y nueva que se creó y que, nadie me puede negar, ameniza las horas del día con su misteriosa música —una paz órfica—. Mientras, al final de la avenida, donde comienza el Parque de Europa, el incendio nunca se detiene.

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