¿Qué hay de nuevo, viejo? (4)

24 de junio de 2020

Fue la casualidad, ese imprevisto que hizo coincidir dos hechos: mi onomástica y nuestro matrimonio. Creo que después recordaste que ya existía una canción contando nuestra historia, y que desde entonces —¡25 años ya!— es la banda sonora para este nuestro día. Te lo he dicho muchas veces, que por nada del mundo cambiaría la línea del tiempo que abrimos tú y yo. Confieso que, cuando nos conocimos, ya rondaba por mi cabeza la idea de acercarme hasta ti y decirte algo, lo que fuera; cualquier chorrada. ¿Qué iba a perder por intentarlo?… y de pronto se presentó otra casualidad, otros dos hechos fortuitos que se empeñaron en coincidir: mis ganas por hablarte y tú, allí, plantada con una guitarra entre las manos. Pareciera que el universo entero andaba conchabado para que nuestras casualidades terminaran siendo causalidades. Y es que, vida mía, aunque tú lo negaste durante mucho tiempo, existió química en aquel primer intercambio de acordes.

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