Buscando algo bueno del confinamiento (59)

Querido lector: las entradas que te vas a encontrar en mi blog bajo este título son fruto de las reflexiones diarias que he ido escribiendo cada mañana durante el confinamiento en el muro de mi Facebook. Siempre las acompaño además de una canción que por lo general sirve —nunca mejor dicho— de pretexto a lo que escribo.

11 de mayo de 2020

Como siempre me dices: «en estas circunstancias solo puedo rezar». Lo cierto es que, a mi manera, yo también rezo. Cada día, con mis pensamientos, con las palabras dichas y con lo que callo; yo también me armo con una pequeña oración atea que me da fuerzas para seguir este absurdo camino que ha decidido ¿tu Dios proteccionista? Y te digo esto, mientras tienes el rosario entre las manos, asintiendo con tu sonrisa a mis descabelladas ocurrencias.
Hace años que mis zapatos desaprendieron el camino que lleva al templo, y puede que haya olvidado las oraciones que me enseñaste; pero no, no puedo ser el hijo pródigo, cuando todas aquellas historias que me contabas —la del buen samaritano, la del paciente Job y, sobre todo, la de aquel hombre bueno y humilde llamado Jesús— han marcado desde entonces mis días. Porque sé que lo sabes; que estas reflexiones son mi manera de rezar.

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