Buscando algo bueno (91)

Querido lector: las entradas que te has ido encontrando en mi blog bajo este título han sido fruto de las reflexiones diarias que he ido escribiendo cada mañana durante el confinamiento en el muro de mi Facebook. En vistas del buen resultado que le están dando a mi salud, tanto de cuerpo como de alma, las seguiré manteniendo. Siempre las acompaño además de una canción que por lo general sirve —nunca mejor dicho— de pretexto a lo que escribo.

13 de junio de 2020

No lo puedo entender. En un principio me producía tanta rabia, que a la más mínima sacaba a paseo el pitufo gruñón que llevo dentro. Con el paso de los días —noventa y uno— todo se ha diluido en una profunda decepción; lo sé por el sabor a leche amarga que se me queda en la boca cuando los escucho balar ante cualquiera que exprese una opinión que no les cuadre con el mundo maravilloso que se han montado en su salón comedor: una vida ideal con impresionantes vistas a la decadencia humana.
A veces me dan ganas de rezar —si es que aún me acuerdo de cómo se hace—, para que nos vayamos al carajo antes de que sea tarde para este planeta único —el planeta azul que decía Rodríguez de la Fuente—. Mientras esto ocurría en sus palacios de cartón piedra, servidor ha desandado todo el camino. Ahora, en este preciso instante, estoy a punto de coger esa vereda estrecha y tupida de hierba que me llevará con toda seguridad de vuelta a casa.

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