Pequeñas oraciones ateas

Seis: ¿quién nos guía?

Foto de Katie Moum en Unsplash

Este es uno de esos momentos estelares que —año arriba, año abajo— le ocurren a la humanidad cada siglo. Uno de esos momentos en los que ni los más observadores podrían asegurarse de que hay alguien al volante. Es solo un parpadeo de dos o tres años en la historia durante los cuales el coche se dirige a gran velocidad no se sabe muy bien hacia dónde.

Si por los cautos fuera, nos apearíamos de inmediato en el arcén; pero somos a la vez tan vacilantes, que la curva se nos echaría encima antes de que nos decidiéramos a dar el volantazo. Así que, sin más dilación, habrá de ser la temeridad de los incautos, la inconsciente valentía de los impulsivos la que nos guíe en la incertidumbre de este errático camino. Y no, no podremos después quejarnos del rumbo que tomen los acontecimientos. ¿Acaso no habíamos trazado ya en nuestra continua, inacabable reflexión el mapa cíclico —año arriba, año abajo— del camino hacia la perfección?

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