10 de marzo de 2021.

Érase un tiempo que, como cualquier otro, tuvo de todo: días de euforia, siempre intensos pero breves, a los que sucedieron períodos de calma con sus eternos instantes de tedio, y hasta sus momentos felices. Érase una época tan extraordinaria y anodina que, como cualquier otra de la historia del hombre, fue aprovechada o malgastada según el lugar desde donde mire el analista de turno. Éranse unas convicciones y las contrarias que, como en cualquier otra disyuntiva del pensamiento humano, nunca llegaron a confluir en un punto medio. Érase la vida, rueda que te rueda sin parar; sin esperar ni avisar de lo efímera y frágil que resulta desde el principio hasta el fin.









Deja un comentario