Buscando algo bueno del confinamiento (56)

Querido lector: las entradas que te vas a encontrar en mi blog bajo este título son fruto de las reflexiones diarias que he ido escribiendo cada mañana durante el confinamiento en el muro de mi Facebook. Siempre las acompaño además de una canción que por lo general sirve —nunca mejor dicho— de pretexto a lo que escribo.

7 de mayo de 2020

Photo by Negative Space on Pexels.com

El distanciamiento social sigue siendo imprescindible… el peligro de los posibles repuntes por el que no debemos relajarnos… la «desescalada» progresiva en la que hemos de ser cautos, prudentes… frases que disparan los noticieros, que rebotan en las paredes del salón, describen una parábola por el pasillo, llegan luego a la cocina y, en un descuido, mientras te centras en no rebanar tu dedo al cortar la cebolla, se pierden surco arriba, entre la confusión laberíntica de tu mente y, una vez elegido o encontrado su lugar, lo reclaman como propio, y lo defienden, a cuchillo si es preciso, como el mendigo su esquina, a la par que hacen sonar el reclamo de la calderilla contra las paredes de una lata oxidada: «deme, por Dios, una reacción, una respuesta para esta pobre mente perdida».
Entonces paro, cojo el teléfono y te llamo. Y escucho tu voz, cada vez más lejos, al otro lado de la vida, desde donde me dices que estás roto, muy lisiado; que si ya me he decidido, porque tú hace mucho tiempo que estás preparado.

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