
Confundido entre todos aquellos extraños peregrinos llegados a Bélmez en el invierno de 1972, o como él mismo diría, entre todos aquellos desveladores de enigmas —parapsicólogos, teólogos, policías— estaba él, Manuel Martín Serrano, un sociólogo y su equipo de 13 futuros sociólogos (6 mujeres y 7 hombres), quienes lograron realizar el aporte más valioso sobre la fenomenología de las llamadas `caras de Bélmez´.
Lo tenía muy claro: para que su estudio llegara a buen puerto, había que actuar con celeridad (…) Nunca volvería a repetirse esa reacción única de un pueblo entero, donde grandes y pequeños, ricos y pobres, instruidos e iletrados chocaron contra «el milagro», en el sentido más amplio del término: un fenómeno del que se desconoce la causa o el proceso por el que se produce.
Hoy sé, por conversaciones con mi admirado y muy estimado Manuel (y que voy a llevar siempre en mi corazón, pues he tenido, no solo el privilegio de recibir —digamos— «lecciones magistrales particulares» de una de las mayores eminencias de la universidad española, sino de haber sido tocado por su enorme generosidad y ejemplo) que él hubiera titulado el libro con una de esas frases rimbombantes propias de catedráticos que suelen encabezar los estudios universitarios. Pero gracias al editor, al gran editor español Carlos Barral, amigo personal de Manuel, el título terminó siendo este: «Sociología del milagro. Las caras de Bélmez», cuya reedición llevada a cabo por el Ayuntamiento de Bélmez de la Moraleda, y financiada por la Diputación de Jaén, presentamos hoy por fin.
Para quienes no sepan nada sobre don Manuel Martín Serrano, solo tienen que teclear su nombre en Google, o mirar en la carátula interior del libro del que hablamos. Porque, un poco siguiendo su propia manera de proceder, cuando le dio la espalda al fogón de la casa de Juan y María para centrar su foco y sus micrófonos en quienes estábamos allí boquiabiertos y cariacontecidos observando aquellos rostros, yo voy a intentar bajarlo de la tarima, despojarlo de la toga y la pomposidad de la cátedra del Manuel Martín Serrano de ahora mismo, para hablar de otros Manueles Martín Serrano que lo llevaron hasta quien es hoy, porque, como él ya dijo en alguna ocasión, y desde un prisma existencialista, se hizo a sí mismo a partir de lo que con él hicieron la realidad y las circunstancias.
Aquí donde veis a este madrileño de pro, es, además, un andaluz de corazón, puesto que pasó su infancia (la época de la iniciación y el asombro) en nuestra tierra (en concreto, en un latifundio de la sierra cordobesa donde su abuelo era el administrador). Pertenece a la generación de la posguerra (y nunca mejor dicho, ya que nació justamente en 1940), por lo cual dice haber sido un habitante del silencio; se me ocurre a mí añadir, de un tiempo de silencio, como el título de la novela de Martín Santos. Bajo mi experiencia os diré, que, en una conversación con Manuel, se aprende tanto o más de lo que dice como de lo que calla.
Pero ya desde su adolescencia se las apañó para sacudirse la sombra alargada de aquel tiempo de silencio, gracias, sobre todo, al ruido y a la luz de los libros: Darwin, Freud, Spinoza, Voltaire, Rosseau, Goethe, Rimbaud, Garcilaso, Galdós, Boscán, Lorca… quienes desde sus textos alumbraron a través de las circunstancias cambiantes su curiosidad y alimentaron una inquietud y una amplitud de miras que le han hecho tocar a lo largo de su vida muchos palos: arquitectura técnica, teatro, poesía, publicidad, psicología, filosofía, medicina y, sobre todo, sociología.
Podríamos definir su trayectoria vital como la de un intelectual a caballo entre la teoría y la experimentación, entre las humanidades y las ciencias, un «culo inquieto», un tipo hecho a sí mismo, que logró sortear las vicisitudes que en la realidad del día a día se le fueron presentando hasta convertirse en uno de nuestros más sobresalientes valores y valedores de la actual universidad española.
Es tan largo su periplo, que podría estar horas hablando sobre él —de hecho, no me extrañaría, Manuel, que algún día sacaras del cajón de tu memoria esa novela que cuente tu trayectoria vital—. Pero yo voy a poner el foco en ese momento, cuando el tiempo del silencio transcurría hacia el tiempo de la esperanza. En concreto en el mes de marzo de 1972, en el momento anímico y vital del Manuel Martín Serrano que llega a Bélmez. Me decía Manuel hace unos días que, esperanzado como gran parte de su generación en la construcción de una sociedad nueva, cada cual lo hacía desde su ámbito, y él desde su parcela en la universidad. Es en este entusiasmo de la nueva España que está naciendo entonces, donde comienza a fluir su creatividad y con ella la mayor parte de sus publicaciones, entre las que se encuentra este libro, el primero que vio la luz de los numerosísimos escritos sobre el fenómeno de nuestras caras, y el único, sin ninguna duda, de carácter científico, cuya reedición surge del deseo de Manuel por corresponder a la participación en este estudio de tantos niños, jóvenes, adultos y personas mayores de Bélmez de la Moraleda, quienes describieron de forma motivada y sincera su interpretación y su manera de sentir y vivir los sucesos que tanto les afectaban en aquel preciso momento.
El libro consta de cuatro partes: una descripción de la estructura sociológica del pueblo, un estudio estructural en el que se aborda analíticamente el problema científico, una larga parte en la que se transcriben los textos grabados entre los habitantes de Bélmez y que constituye a la vez que un documento sociológico importantísimo, una interesante aportación a la documentación lingüística, y, por último, un estudio de contenido sobre las noticias publicadas en la prensa diaria y en las revistas durante el período de tiempo comprendido entre septiembre de 1971 y marzo de 1972, en que los «fenómenos» de Bélmez fueron noticia y materia de comentarios.
Manuel Martín Serrano pone a disposición del Ayuntamiento de Bélmez los derechos de esta edición y de futuras que vinieren, contando con que las instancias públicas sean conscientes de la importancia que tiene poner en valor el legado histórico-científico que encierra el presente libro, sobre todo en lo que se refiere al documento sociológico basado en los textos grabados de todos esos belmoralenses que se ofrecieron a hablar. Relatos estos que dejan constancia para la Etnografía de cómo una comunidad interpreta, se reinterpreta, cuando su existencia y sus creencias son puestas a prueba por transcendencias que supuestamente les determina y eventualmente les preserva o abandona.
O lo que es lo mismo, Manuel quiere con ello retribuirle al pueblo de Bélmez de la Moraleda por su predisposición, su generosidad, su bonhomía; por la manera, según él, tan enternecedora de proceder y de responder en aquel momento a sus preguntas y requerimientos.
Llegó aquella primera vez a Bélmez de la Moraleda durante los primeros días de un mes de marzo como este, pero de hace 52 años. Aquel joven profesor universitario de 32 años —en realidad, ya era doctor— cogió su 4L y, junto a trece de sus alumnos, armados todos con magnetofones, se dispusieron a viajar hasta este pueblo. La premisa estaba clara: la Sociología no está para preguntarse qué son o quiénes nos miran desde esos asombrosos rostros, sino para dar fe pública y lo más precisa posible de cómo son, cómo respiran y qué sienten las gentes de Bélmez, cuya percepción de la vida y de la realidad cambió para siempre por unos aconteceres, los llamemos «milagros», «fenómenos paranormales» o «hechos extraordinarios o inexplicables».
Dice Manuel Martín en el prólogo que «El camino que se emprendió requería la cooperación de los vecinos. Nos han permitido entrar en sus casas, beber su vino, recoger con ellos la aceituna, participar en sus bailes y en sus cantos y en sus rezos, visitar a sus muertos, leer sus cartas y sus libros, aprender sus trenzados, sus labores y la manera de aparear las bestias; explorar las cuevas y los archivos; nos han llevado a los cortijos y a los lugares que la historia local ha cargado de significados gratos o temerosos; y, sobre todo, nos han confiado sus testimonios».
El valor que tiene la forma en la que esta dinámica se desarrolló en Bélmez radica en que los vecinos con su testimonio aportaron un material único hasta ahora y difícilmente repetible para entender cómo se involucra el mito en la organización y en la reproducción de la sociedad. Esa es la razón por la que el pueblo de Bélmez de la Moraleda figura desde la publicación allá por el 72 de la primera edición de este estudio-libro entre las comunidades que hay que citar por su contribución al progreso de la Antropología Cultural en el mundo.
Bueno, y a todo esto, estaréis pensando: ¿y qué pinta Juan Cano aquí? Pues mirad: la vida, el azar y sus curiosas coincidencias (aunque para mí la casualidad siempre tiene algo de causalidad) me han regalado el inmenso honor de haber sido la persona elegida por el anterior equipo de gobierno del ayuntamiento, y en concreto, por Pedro Justicia y Antonio Díaz, para ser el interlocutor de todos vosotros con el autor, quien, a su vez, depositó en mí la confianza para realizar el trabajo de edición de la reedición, para lo que, a cambio, solo me pidió dos cosas: que la letra fuera lo suficientemente grande para que las personas más mayores pudieran leerlo sin dificultad, y que fuéramos todo lo fielmente posible al trabajo de Barral, cosa que para mí ha supuesto un reto emocionante. Espero haber cumplido tus expectativas.
Era injusto, yo diría que incluso grosero, que Sociología del Milagro no hubiera sido incluida en el recorrido que este Centro de interpretación ofrece sobre las caras. Más, siendo el único estudio sobre el fenómeno basado en parámetros rigurosamente científicos. (Si el cometido que debía tener este centro era ofrecer un recorrido por todo lo que supuso el fenómeno, faltaba en esa exposición, precisamente, la reacción, el pensamiento y la inquietud de la sociedad que experimentó tales hechos; queridos paisanos: faltábamos nosotros, pero no los de ahora, sino los nosotros de ese momento; y resulta que estábamos tal cual en este libro). La paradoja está en que siempre se ha presumido de que este era el fenómeno parapsicológico más importante de todo el siglo XX, sin haber trascendido fuera del ámbito estrictamente científico-académico que, a su vez, y gracias al trabajo de campo de Martín Serrano y su equipo, Bélmez de la Moraleda ya tenía un lugar privilegiado en el mundo de la Antropología Cultural.
Queridos amigos y paisanos: este libro es como si dijéramos un importante resto arqueológico, un sedimento en uno de los estratos de la historia de Bélmez de la Moraleda, la fotografía de quienes éramos, cómo pensábamos, hacia dónde queríamos encaminarnos, en qué ocupábamos nuestros pensamientos (ilusiones, preocupaciones, expectativas) aquel marzo de 1972, cuando se estaba produciendo en la historia de las caras la tormenta perfecta, alentada (que cada cual aguante su palo allá donde esté), por el parapsicólogo Germán de Argumosa y por el director del diario Pueblo, Emilio Romero, sin olvidarnos de las presiones políticas y religiosas. Aquí están los testimonios de primera mano de nuestros abuelos, de nuestros padres, de nuestros amigos y vecinos, y de muchos de nosotros. Estoy seguro de que, como a mí me ha ocurrido, a pesar del anonimato, reconoceréis la autoría de alguno que otro.
Y, por último: con esta reedición y cesión de derechos de autor al pueblo de Bélmez de la Moraleda, ya nos ha quedado claro que Manuel Martín Serrano quiere agradecernos todo lo recibido en ese entonces. Pero, en verdad, querido Manuel, con esta reedición es Bélmez de la Moraleda la que debe sentirse agradecida contigo por devolvernos un valiosísimo instrumento con el que resarcirnos de la imagen y del trato sufrido desde aquellos hechos, reconduciendo el cometido de este centro de interpretación que, recuerdo, es centro de interpretación de las caras, no exclusivamente centro de interpretación parapsicológica de las caras. Ahora, queda en nuestras manos, queridos paisanos, el saber aprovechar la oportunidad que se nos está brindando.










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