Sergio Mayor: un niño insomne en Salinetas

A modo de reseña de Una casa en Salinetas de Sergio Mayor (editorial Karima, 2022)

Lo más repetido entre los lectores de Sergio Mayor, ya se refieran a sus textos diarios en las redes o a los que han terminado formando parte de sus inclasificables libros —inigualables e irrepetibles prodigios de palabras—, es esa reacción de peta zetas que se te forma en el retrogusto a cada frase, a veces a cada palabra. Ese abrumador saber enciclopédico que te empequeñece como lector aprendiz de escritor ante la espectral presencia de alguien capaz de igualar el silencio monacal propio de una biblioteca de seminario con el white noise, el ruido de fondo, el ruido del silencio que lo acompaña como un consumado y solitario bebedor en las esquinas de las barras de los bares.


Nadie, ni aunque se lo proponga, puede imitar la escritura de Sergio, pues, parafraseando la Biblia de las Américas (Romanos 11: 33-36), qué profunda la riqueza y la sabiduría, qué maravilla el conocimiento, ya nos venga por ciencia infusa o aprendida. «¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!». Pues, no cabe duda que Sergio Mayor parece haber descifrado las claves que manejan los dioses en su deífica manera de comunicarse con los mortales.


Ya con su «Ciudad mori» me hizo subir de dos en dos los peldaños de una escalera, no sé si la de Jacob o una de las muchas imposibles que dibujó Piranesi, otro visionario, otro adelantado, pero os juro que yo también vi pasar por la calle Tablas a esa mujer poseedora de la hermosura más triste que te puedas llegar a imaginar. Todavía, al repasar sus páginas, resuena en mi cabeza la canción de Led Zeppelin. Porque existe un prospecto para leer a Sergio, ideado por quienes nos contamos entre sus lectores asiduos: como la absenta, tómese a pequeñas dosis, no más de una o dos veces al día, procurando mantener durante unos segundos el buche en la boca. Absténganse bebedores asiduos de best seller y demás naderías.

Sergio Mayor en una imagen de su página de Facebook


Y así, a buchitos es como me estoy tomando su último libro: «Una casa en Salinetas«, editado igualmente por Karima en este año 2022 que acaba de concluir. Y así, a cada frase me voy alimentando de la proteína tal vez insana de su literatura, de su playa en Salinetas que a mí me hace regresar también a una luminosa mañana de 1970 o puede que de 1971, pero a un campo arado con un quejigo en el centro de un altozano contra el que los primeros rayos de sol recortan su silueta junto a la mía como a una sobreactuada Scarlett en «Lo que el viento se llevó».

Y así, me descubro en su literatura del ayer, en su niño insomne y asustado por el ruido blanco de la casa, si es que el vaivén del mar de sus recuerdos/tormentos me deja escuchar a mí el crujido paranormal, el ruido polstergate de mis miedos/recuerdos de entonces.

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