Temporada de patos—Temporada de conejos (19)

21 de octubre de 2020.

Cuento en «Los niños de las caras», que Discoplay fue una popular tienda madrileña donde no solo se vendía música; el cine y la literatura también tenían un rincón privilegiado en aquel oasis de cultura en mitad de los años ochenta. Pero su gran éxito fue la creación del Boletín Informativo Discoplay —llegó a tener una tirada de un millón de ejemplares—, un catálogo feo pero muy práctico que permitía acceder a todo tipo de músicas desde cualquier punto de la geografía española. En él tenían cabida incluso las músicas marginales; lo más raro que buscaras estaba en Discoplay, y tras quince días el rock and roll llegaba contrarrembolso a tu casa en Bélmez de la Moraleda.

Es ahora, después de tantos años, cuando veo claro, que nada conté de aquella música que me hacía feliz, ¡porque me maravillaba y me hacía soñar tantas cosas que el mundo desconocía!… Como tampoco conté que, con aquel soniquete, me escapé del fuego que, en su vaga intensidad, consumía con una lentitud exasperante mi espíritu atormentado; el mismo espíritu que me llenaba de amargura.

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