Buscando algo bueno del confinamiento (51)

Querido lector: las entradas que te vas a encontrar en mi blog bajo este título son fruto de las reflexiones diarias que he ido escribiendo cada mañana durante el confinamiento en el muro de mi Facebook. Siempre las acompaño además de una canción que por lo general sirve —nunca mejor dicho— de pretexto a lo que escribo.

3 de mayo de 2020

Todas las mañanas aprovecho que te hagas la remolona en la cama para escribir estas historias. Sé que no te gusta que hable de ti, tanto o más como odias mi poco disimulada animadversión al mundo, así tomado como un gran agujero-papelera donde vomitar toda mi rabia, toda mi frustración. Pero sobre todo, lo que te saca de quicio es mi desgana a la hora de salir a «socializar»; algo que se ha ido además acentuando con el transcurso de los años, como la sintomatología de una extraña enfermedad de imposible curación.
A lo largo de nuestra ya dilatada vida en común los viajes siempre han sido «cosa tuya», debido a mi apatía y a ese dejarme llevar que siempre ha presidido mis momentos de ocio. No te he ayudado mucho en eso, la verdad. Y sí, es muy injusto de mi parte hacia ti, sobre todo, cuando he disfrutado de nuestros viajes —esas ahora entelequias con las que nos evadimos en nuestra reclusión— tanto o más que tú.
Hoy, hasta donde alcanza la vista —y como diría-escribiría mi admirado Eloy Tizón— es domingo, o merecería ser domingo; así se desprende de la luminosidad de este azul del cielo. Pues bien, en este domingo 3 de mayo del año del confinamiento, este enfermo del mundo, este alérgico a los cambios, abúlico observador de la vida, te quiere dar las gracias por todos esos viajes que me abrieron los poros a la abrumadora inmensidad de los océanos; al vértigo intangible de los cielos; a la rocosa majestuosidad de las cordilleras. Gracias por llenarme de imágenes e impagables recuerdos: Dominica, París, Viena, Praga, Budapest, Lisboa… toda Italia desde Milán a Capri… y tantas ciudades y pueblos de esta España ahora retraída en sí misma. Gracias por llenar con tu presencia este silencio donde habito yo.

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