Buscando algo bueno del confinamiento (36)

Querido lector: las entradas que te vas a encontrar en mi blog bajo este título son fruto de las reflexiones diarias que he ido escribiendo cada mañana durante el confinamiento en el muro de mi Facebook. Siempre las acompaño además de una canción que por lo general sirve —nunca mejor dicho— de pretexto a lo que escribo.

18 de abril de 2020

Photo by Yaroslav Danylchenko on Pexels.com

Más que duro, es terrible, y si cae alguien cerca, aunque solo lo conozcas de un «buenos días» o un «hasta luego», resulta suficiente para que se te hiele la sangre. Por eso es necesario ponerle cara y nombres a esta «pantragedia»; porque es la tragedia de todos.
Existen algunos indicios, señales que sí aparecen en los asintomáticos; y es que, si los pensamientos te ensombrecen la mirada y el entendimiento se te encharca hasta las trancas de rabia e impotencia, tú tienes el coronavirus.
Una vez que hayas asumido esto: que no eres un ser amorfo que está en la vida solo para compartir «estúpidosmemesquemalditalagracia»; una vez que te hayas aburrido de retos, acertijos y demás «matatiempos» llegarás a la conclusión de que, el único antibiótico capaz de hacer desaparecer dicha sintomatología, está en tu corazón. Entonces, rebusca bien, en todos los rincones, que seguro que encontrarás la manera de que las cosas cambien. Paciencia, no desesperes; que tienes todo el tiempo de este mundo que está muriendo.

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