Buscando algo bueno (87)

Querido lector: las entradas que te has ido encontrando en mi blog bajo este título han sido fruto de las reflexiones diarias que he ido escribiendo cada mañana durante el confinamiento en el muro de mi Facebook. En vistas del buen resultado que le están dando a mi salud, tanto de cuerpo como de alma, las seguiré manteniendo. Siempre las acompaño además de una canción que por lo general sirve —nunca mejor dicho— de pretexto a lo que escribo.

9 de junio de 2020

Todos creemos estar cumpliendo la más injustas de las condenas, hasta el punto de envidiar la desgracia del vecino.
—¡Ojalá tuviera yo su trabajo de mierda! —pensaba el parado, mientras miraba al funcionario del SEPE teclear su fastidio en el ordenador.
La envidia es la más cotidiana de las vilezas humanas. De hecho, a pesar de nuestros ímprobos esfuerzos por contenerla, siempre termina escapándosenos de las comisuras en un hilillo malsano de saliva.
—¡Ojalá tuviera yo su libertad! —pensaba el administrativo, mientras observaba la mirada curiosa pero un tanto atolondrada que aquel parado le lanzaba desde el otro lado de la mesa.

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