Pequeñas oraciones ateas

Doce: hágase la luz

Un día, el hombre comprendió que aquel lugar donde vivía solo era una ínfima, una microscópica mota de polvo en un rincón olvidado del universo. Antes ya le había llevado siglos aceptar el heliocentrismo, la visión copernicana de su mundo, aunque el peso de su propio ego seguía empeñado en transgredir las leyes de la gravedad: nosotros —no recuerdo, si hijos de Adán o de Abel—, seguíamos jugando a ser inmortales —una nueva infracción de lo irremediable—, cuando lo más acertado hubiera sido poner la mente en blanco, mientras, desde el centro de nuestro minúsculo chiringuito, el sol nos dibuja esa mueca de estulticia de quienes todo lo tienen, porque nada esperan.

Publicado por Juancanopereira

Mi nombre es Juan Cano Pereira. Soy escritor, ando ahora en el estudio de la locución y el doblaje. También le doy a la edición multimedia y algo al diseño gráfico. Amar a la literatura sobre todas las cosas y a las redes sociales como a mí mismo, me ha llevado hasta la narrativa transmedia, entre otras cosas.

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