Temporada de patos—Temporada de conejos (41)

13 de noviembre de 2020.

Todo pueblo que se precie como tal ha de tener cubiertas todas sus necesidades. El caso es que se había muerto el tonto oficial del pueblo —porque este título hay que ganárselo, ya sea por concurso-oposición o por votación popular; lo mismo da, que da lo mismo— y era urgente nombrar uno. Si no, ¿quién se iba a ocupar de vigilar las nubes y sus cambiantes formas?… ¿quién iba a contar que estuvieran puestas todas las calles, con sus esquinas y sus farolas, todo en su sitio?… ¿quién iba a notar esos pequeños detalles que solo un tonto de pueblo bien cualificado y elegido con toda la pompa y oficialidad que el cargo se merece es capaz de percibir?…


No cabía duda de que urgía nombrar al nuevo. Por eso que el alcalde mandó publicar un bando con las bases a cumplir por los licitantes. «En todo caso —dijo— que se abstengan reincidentes; no estamos para mucha tontería».

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