Buscando algo bueno (95)

Querido lector: las entradas que te has ido encontrando en mi blog bajo este título han sido fruto de las reflexiones diarias que he ido escribiendo cada mañana durante el confinamiento en el muro de mi Facebook. En vistas del buen resultado que le están dando a mi salud, tanto de cuerpo como de alma, las seguiré manteniendo. Siempre las acompaño además de una canción que por lo general sirve —nunca mejor dicho— de pretexto a lo que escribo.

17 de junio de 2020

Cuando nos sentimos desahuciados nos agarramos a la última esquirla que se nos antoje con la suficiente consistencia como para ayudarnos a pasar esta pantalla en negro. Tal vez la dexametasona no sea la cura milagrosa, sino un bálsamo de Fierabrás más, pero igual que ayer escapé de Madrid por obra y gracia de un salvoconducto —del cual nunca sabré su verdadera eficacia, pues ninguna autoridad importunó mi viaje—, Granada ha decidido regalarme un cielo manchado de esperanza con dos nubes ovni que parecen lanzarse en picado hacia el luminoso del hotel cercano.
Entonces, me invade una extraña ensoñación donde veo ese fármaco accesible y barato conteniendo con suma eficacia brotes y rebrotes sucesivos, hasta poder dar sin tanta urgencia con la vacuna perfecta; entonces, amanece ese día en el que, por fin, presento mi libro, y estás tú, mirándome sonriente y ufano desde tu asiento de primera fila.

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