Buscando algo bueno del confinamiento (31)

Querido lector: las entradas que te vas a encontrar en mi blog bajo este título son fruto de las reflexiones diarias que he ido escribiendo cada mañana durante el confinamiento en el muro de mi Facebook. Siempre las acompaño además de una canción que por lo general sirve —nunca mejor dicho— de pretexto a lo que escribo.

13 de abril de 2020

Son malos tiempos para la lírica, sí; pero esto nos viene de largo, desde mucho antes de que en los ochenta Coppini lo cantara con aquel lamento tan conmovedor que se gastaba por voz. Sin embargo, el lirismo se empeña en aflorar en medio de la desolación, porque necesitamos inhalar su perfume embriagador de almas y entretenedor de pensamientos.
Por desgracia, cuando volvemos de las nubes, los malos tiempos no han pasado. Y aunque a tu madre le permitan bajar con el cesto a comprar, y el tiempo sea un chicle manido, insípido y estirado hasta dar para tejer un par de jerséis, el COVID-19 sigue corriendo por la penumbra del callejón a lomos de una rata apestada de Camus.
Y si quieres, lo rapeamos con Arkano, pero son malos tiempos para enamorarse, a no ser que nos gastemos la paciencia de Florentino Ariza en aquel otro tiempo por donde campaba el cólera, cuando el odio y la ignorancia se ha instalado en vuestros muros con intención de perpetuarse, como para vergüenza de la humanidad ya hizo la violencia contra las mujeres.
Por de pronto, Trump, Johnson y Bolsonaro ya no se ríen como bobos terraplanistas; pero para desgracia del mundo, su estulticia sobrevivirá a la pandemia, mientras que la Unión Europea racaneará una vez más su solidaridad a los estados del sur, a la par que se olvidará definitivamente de los refugiados que se quedaron en tierra de nadie, quienes seguirán sin salir en las noticias —si es que después de esto aún sobreviven—. Habrá incluso quien esté preocupado porque el fútbol, el panem et circenses aún no regrese; porque su cortina de humo comience a disiparse, dejando al descubierto todo aquello de lo que no quieren que hables. Entonces, que no se te olvide, en ese preciso momento, estaremos preparados para reinventarnos.

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