Buscando algo bueno (86)

Querido lector: las entradas que te has ido encontrando en mi blog bajo este título han sido fruto de las reflexiones diarias que he ido escribiendo cada mañana durante el confinamiento en el muro de mi Facebook. En vistas del buen resultado que le están dando a mi salud, tanto de cuerpo como de alma, las seguiré manteniendo. Siempre las acompaño además de una canción que por lo general sirve —nunca mejor dicho— de pretexto a lo que escribo.

8 de junio de 2020

Así sin el «CONFINAMIENTO», ya que hace días que andamos, no sé si desfasando, o desvariando. Pero no quiero perder esta blasfemia diaria mía —entiéndelo madre: escribir es mi manera de rezar— en busca de la bondad. Para ello no debo bajar la guardia, pues los agentes patógenos del mal siguen en su lugar de privilegio y con la misma ventaja en el juego, ya que por mucho que lo grite o lo escriba nadie ha cambiado esa baraja con las cartas marcadas.
Estoy convencido de que esa búsqueda tiene un potencial sin fin, mientras vaya aprendiendo a dar, cada vez más y más allá, hasta que al fin, cuando menos lo espere, comience a recibir; esa debe ser una sensación de alegría casi infinita. De momento, daré lo mucho o lo poco que tenga, y me sentaré a esperar en este «aún no lugar de lo bueno», respirando largo y profundo; procurando no hiperventilar miedos e inseguridades, desde mi rincón de no ser visto.

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