Buscando algo bueno del confinamiento (85)

Querido lector: las entradas que te vas a encontrar en mi blog bajo este título son fruto de las reflexiones diarias que he ido escribiendo cada mañana durante el confinamiento en el muro de mi Facebook. Siempre las acompaño además de una canción que por lo general sirve —nunca mejor dicho— de pretexto a lo que escribo.

7 de junio de 2020

Tengo un motor diesel de mitad de los sesenta en buen uso, si tenemos en cuenta sus cincuenta y casi cinco años generando la biografía previsible y sin sobresaltos de servidor, que soy un tipo más bien paradillo, pero con mucha vida interior. Ya no me fío de los «buenos», tampoco me quedo con las caras. En cuanto a las fiestas, a pesar de una fama de crápula y vividor ganada a pulso en otra vida, me suelo marchar temprano, apenas noto ese picado de bielas que, de unos años para acá, le ha puesto banda sonora a mis excesos. Aunque siga negando la mayor hasta desangrarme como un cerdo, las horas de vuelo desgastaron poco a poco mi tozudez y, a pesar de que veces parezca un viejo chocho e impúdico, mi desvergüenza solo es un espejismo: el del hombre que aprendió a desaprender.

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